domingo, 2 de junio de 2013

BENDITO PROBLEMA RESPIRATORIO

Te pasas el día esquivando la publicidad de siempre con los métodos de siempre, pero con tratamiento digital, escapando de programas de impacto que hablan continuamente de cómo nos mienten aquellos en quienes depositamos nuestra confianza y el futuro de las próximas generaciones, dando esquinazo al gran hermano X  de todo un canal dedicado exclusivamente a la audiencia amante de la vida de los otros, huyendo de la cada vez más ridícula parcialidad de los programas informativos que duran menos que su sección futbolera, que no deportiva y de las series policíacas en las que gira todo en torno a una pareja formada por una heroína preciosa e inteligente del siglo XXI y un héroe  fuerte pero vulnerable del siglo XX , que por supuesto, no terminan de besarse nunca, para mantener la expectación entre sus seguidores, vieja técnica de los grandes culebrones.

Te vas a la cama después de ver una comedia romántica de final previsible, sin sorpresas, en la que dos personas guapísimas, chico y chica, terminan descubriendo de una u otra forma que están hechos el uno para la otra, se besan y serán felices para siempre.  Ya está. Una fórmula fácil, pero muy efectiva de entretenimiento, y en una noche en la que un resfriado tremendo te impide concentrarte en otra cosa,  puede ser una salida digna y agradable, sobre todo si lo compartes con tu pareja y acompañas el evento con unas palomitas  y algo que refresque, hidrate y endulce.

No puedes dormir. Algún ser exytraño  tiene completamente obstruidas todas las vías respiratorias y el aire no te llega de forma natural. Te despiertas sobresaltado cada veinte minutos respirando de forma acelerada, como si llevaras medio minuto aguantando la respiración bajo el agua en competición con tus compañeros de la infancia.

Aplicas antiguos remedios para los males de siempre, en el pecho, en la garganta y por encima del labio superior, un poquito de Vick Vaporub, notando el frescor de las primeras inspiraciones. Vuelves a intentar conciliar el sueño. Cambias de postura y tienes que esperar a que se recoloque el material obstructivo y puedas isnpirar mentolado. Pero el sueño no llega. Hay un momento en el  que parece que vas a dormirte, pero entonces empiezas a respirar por la boca y empieza a dolerte  la garganta y la cabeza. Es entonces cuando, aunque no te guste la farmacia, tienes que recurrir a ella y tomar unos calmantes. Pero no es suficiente. 

Una vez que has agotado el comodín químico, llegas a otra etapa  en la que decides abandonar la necesidad de dormir, porque eso te tranquiliza, te quita presión.

Bajas otra vez al salón, te preparas una infusión con miel, una tila que relaje tus nervios,  te sientas frente a la televisión y aprietas el botón rojo del “standby”.  Es en este momento, después de todas las nimiedades introductorias que os he contado, cuando empieza todo.

Regateas rápidamente los canales con concursos, juegos de azar, preguntas absurdas y llamadas a dos euros,  teletiendas y adivinos, nigromantes estafadores de baraja en mano y músicos en segundo plano cuyas interpretaciones no son audibles, tan solo visibles sus movimientos, detalle éste que jamás he logrado entender,   y por fin llegas a los canales principales para encontrarte, con gran sorpresa,  con algo realmente  increíble.

No recuerdo exactamente quién  ni en qué canal, tampoco tiene importancia, pero estuve dos horas viviendo un desvelo maravilloso. Salvando los encuentros  de madrugada con la piel de la persona amada, no se me ocurre mejor forma de transnochar. Si llego a saberlo, pongo el despertador.  Os cuento.

Se ha puesto de moda incluir en las programaciones televisivas música en directo a altas horas de la madrugada.De hecho,  por las mañanas, antes de ir al trabajo, todavía llego a tiempo de escuchar alguna banda de jazz. Es verdad que los conciertos se repiten muchísimo, pero se agradece algo tan humano y real como un grupo de personas ofreciendo música como saludo de buenos días.

Pues bien, anoche, a las cuatro de la madrugada,  pude disfrutar de un concierto acústico de Tontxu, cantautor maravilloso acompañado de batería, piano, contrabajo, saxo tenor, una preciosa segunda voz femenina  y su característico sonido de guitarra acústica y voz cercana y aterciopelada. Y, sin tiempo para descansar, descubrir un concierto de Hevia acompañado de piano y una maravillosa percusionista, mezclando folklore castellano con las melodías celtas que llevaron al éxito a este gaitero guapo hace ya algunos años. Ya me encontraba mejor, pero cómo iba a volver a la cama, teniendo esos tesoros frente a mí. Tuve que encender el  equipo de sonido para disfrutar de todas las frecuencias de las obras de arte que tenía el placer de disfrutar a estas horas en las que, hace no muchos años, todavía vivía de bar en bar alargando demasiado la fiebre del sábado noche.

Dos infusiones relajantes y un ratito de buena música parecían haber  compensado este rato de vigilia forzada, pero el zapping no acabó ahí, y una presión más a la tecla  “PR+” me llevó al cielo, al inesperado paraíso de la música virtuosa de un artista increíble.  Más allá de las 5 de la mañana, en uno de los canales de emisión nacional, que paga grandes sueldos para que expertos en programación decidan qué poner en “prime time”,  estaban emitiendo un concierto en directo de un cuarteto liderado por alguien que no parece de este mundo. Un artista que vuela con su instrumento por encima de todos los mortales que intentan o intentamos mantenernos en pie sobre la superficie del mundo de la música. Un concierto de Ara Malikian.
No parece posible que en el pequeño espacio que ocupan su violín y  sus manos pueda generarse tanta belleza en tan poco tiempo. Duró una media hora, pero no recordaba media hora de televisión más placentera. La emoción me hizo olvidar el dolor de cabeza y, cuando terminó,  no quise buscar más, aun siendo consciente de que podía seguir disfrutando de una big band que tocaba buen swing en otro canal. Estaba en una nube y era el momento de intentar soñar un ratillo. 

Gracias, Ara Malikian, por todo tu esfuerzo, cuyo resultado ayuda a mantener en funcionamiento el complejo entramado de señales nerviosas e impulsos eléctricos que dan ritmo a mi corazón emocionado,  uno a uno en los millones de latidos que espero aún me queden. A mí y a ti que me lees.

Escribo esto mientras suena un tema de Anni B Sweet en el canal de MTV. No es lo mismo, pero amigas y amigos, lo prefiero al programa de crímenes perfectos, la película infantil de la mañana, la programación católica de la televisión pública,  en un país que se declara constitucionalmente  aconfesional,  o ese otro programa en el que gente feliz enseña su preciosa casa.

Así que,definitivamente,  estoy pensando en cambiar mis horarios. Si en algún momento necesito descansar y el mando de la tele me llama, optaré por dormir un par de horas previo estudio de la programación de madrugada, momento en el que parece que los asalariados de la caja tonta han decidido que la audiencia prefiere arte de verdad.


Un abrazo desde La Taberna del Culpable.



Miguel Mayorga

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